Dejó de ser una ampolleta: es la señal de que acá las cosas se dejan pasar, y el equipo la lee antes que el cliente. Lo que no arreglas hoy te lo cobra el sábado lleno.

Una ampolleta quemada se cambia en dos minutos. Pero cuando lleva un mes así, deja de ser un tema eléctrico y pasa a ser un mensaje: acá las cosas se dejan pasar. Y ese mensaje lo lee el equipo mucho antes que el cliente.
Lo postergado no se queda quieto: se multiplica. La puerta que no cierra bien, el vaso trizado que sigue en circulación, el procedimiento que 'después lo vemos'. Cada detalle sin resolver le baja la vara al siguiente: si eso se puede dejar pasar, ¿por qué no esto otro?
Ten una lista visible de desperfectos chicos —una pizarra, una nota en el grupo— donde cualquiera anota lo que ve. Y fija una regla simple: cerrar dos por semana, sin excepción. No es velocidad, es constancia.
Lo barato de arreglar hoy es carísimo el sábado lleno, cuando el detalle chico se cruza con el peor momento. Atacar lo pendiente en frío es lo que te evita apagar incendios en caliente.
Cuéntanos ese detalle chico que se te transformó en problema —y cómo lo cerraste.