Si la respuesta es 'depende', el problema no es tu gente: es que nadie tiene claro qué le toca. Cada situación con un responsable, sin cruces y sin salir a buscar al jefe.

En pleno servicio algo se cae: el datáfono, un pedido perdido, un cliente molesto, la comanda que nunca llegó a cocina. En los locales que funcionan, alguien se hace cargo en segundos. En los que no, todos miran a los lados esperando que otro lo tome —y el problema crece mientras nadie lo agarra.
La diferencia no es la calidad de la gente: es la claridad. Cuando no está definido quién responde ante cada tipo de situación, la respuesta por defecto es 'que lo vea el jefe', y el jefe no puede estar en todo. El resultado es lento y caótico, no por falta de ganas, sino por falta de dueños.
No necesitas un manual de 40 páginas. Toma las 4 o 5 situaciones que más se repiten —un reclamo, una falla de equipo, un quiebre de stock, un cliente sin reserva— y ponle a cada una un nombre: quién decide y actúa cuando pasa. Escríbelo y déjalo donde el turno lo vea.
Con eso, el que está más cerca sabe que le toca y no espera permiso; y el jefe deja de ser el cuello de botella de cada imprevisto. Responder rápido no es tener más gente: es tener claro quién agarra qué.
Cuéntanos cómo repartieron los 'dueños' de cada situación, o dónde se les sigue enredando.